3.6. Arturo Camacho Ramírez: la metáfora como exceso

El presente texto aborda la obra de Arturo Camacho Ramírez publicada hasta 1955. Se indagó en el contexto, fundamentalmente en lo concerniente a su biografía, se revisaron aspectos lingüísticos y literarios, los temas principales de su obra, las preocupaciones recurrentes, etc., para observar la evolución, elementos comunes y propuestas novedosas en su poética, tratando de establecer a grandes rasgos algunas características en su poesía inicial.

 

 

2.6.1.  Datos biográficos

 

Arturo Camacho Ramírez nació en Ibagué el 28 de octubre de 1910 y murió en Bogotá el 24 de octubre de 1982. Se destacó como poeta, diplomático, publicista, periodista y escritor. Vivió en Bogotá desde los tres años, en la casa de su abuela paterna María Triana en el barrio la Candelaria. Estudió la primaria en el Colegio La Presentación y el bachillerato en el Instituto de La Salle. Inició sus estudios de Derecho en la Universidad Nacional de Colombia pero a los tres años desertó. Auditor fiscal de navegación y puertos en Barranquilla; Comisario especial en la Guajira; ocupó los cargos de Secretario de Juzgado y Comisario encargado. Secretario de información y prensa en el Ministerio de Gobierno durante la jefatura de Alfonso López Pumarejo; funcionario del Ministerio de Agricultura en 1934 y asistente de Plinio Mendoza Neira en el Ministerio de Guerra en 1935; Secretario de la Legación colombiana en Bolivia; Secretario privado y subjefe de inmigración del Ministerio de Relaciones Exteriores; Jefe de publicidad de la Empresa Colombiana de Turismo; delegado de Colombia en la UNESCO-París, entre 1970 y 1972; acompañó a Alfonso López Pumarejo y López Michelsen en sus campañas políticas. Militó en los movimientos MIL y MRL. Secretario de redacción del semanario Sábado, columnista del periódico  El Tiempo, El Espectador, El Espacio y Acción Liberal; colaborador de la Revista de las Indias donde publicó en 1941 “Viñeta de Bécquer” con la que ganó el concurso de sonetos; conductor del programa radial ¿Cuál es su Hobby? en la emisora HJCK. Amigo de importantes escritores del continente como Pablo Neruda, Julio Cortázar y Jorge Edwards. Su primer libro fue Espejo de Naufragios (1935), luego vendrían Presagio de amor (1939) tercera entrega de los cuadernos de Piedra y Cielo, y Cándida inerte (1939). Se casó con Olga Castaño Castillo, a quien dedicó su obra de teatro Luna de Arena (1943); Oda a Carlos Baudelaire (1945). En 1962 publicó La vida pública y en 1976 Carrera de la vida.

 

 

3.6.2. La poesía de Camacho

 

Según consenso crítico, el grupo  “Piedra y Cielo” conformado por poetas nacidos entre los años 1908 y 1914, hizo su aparición en 1935 con la publicación del libro Espejo de naufragios de Arturo Camacho Ramírez. Dice Andrés Holguín en el prólogo de las Obras completas (1986):

 

Camacho Ramírez pública, en 1935, un volumen poético titulado “Espejo de naufragios” (editorial Minerva, Bogotá). Puede pensarse que con este libro, de hondo lirismo, y que contiene ya, un nuevo vocabulario literario, se inicia el que será, más tarde, el movimiento de “Piedra y Cielo” (1986: 14).

 

Los “piedracielistas” adquieren “una nueva sensibilidad” Influenciados por la lectura de las publicaciones que venían de España como las antologías de Gerardo Diego (1932) y la de Federico de Onís (1934); el Libro de poemas y el Romancero Gitano de García Lorca; las obras de Juan Ramón Jiménez (el nombre de “piedra y cielo” proviene del libro homónimo de este autor: Piedra y cielo: versos (1917-1918). Madrid: imprenta Fortanet, 1919. 175p.); la poética de Antonio Machado y en general, los poetas de las Generaciones del 98 y del 27. Pero no sólo España incidió en el cambió de las preferencias poéticas en cuanto al lenguaje y los temas de estos poetas, también Hispanoamérica con nombres como Pablo Neruda, Cesar Vallejo, Rubén Darío y Huidobro, aportaron en dicha estética; llegando a cohabitar dos corrientes dentro de “Piedra y Cielo”: los de corte hispánico y los de tendencia americanista, entre los que estaba Camacho Ramírez.

 

Camacho leyó con dedicación a Villon y Baudelaire pero tomó una distancia marcada aunque no definitiva de la poesía francesa, italiana y del grecolatinismo, tan propio de los poetas de principios del siglo XX. Conocía ampliamente la poesía castellana, degustaba a Góngora, Villamediana, Archipreste de Hita, Alberti, Góngora, Juan Ramón Jiménez, Jorge Manrique, Antonio  Machado, Garcilaso, Quevedo, Lope de Vega, San Juan de la Cruz, Bécquer y Darío y sobre todo a García Lorca, entre otros. Este influjo supo acondicionarlo a otras herencias y llevarlo a un estilo más hispanoamericano, influenciado fundamentalmente por su amigo Pablo Neruda y la lectura del peruano César Vallejo. En el ensayo “Piedra y cielo” de Fernando Charry Lara, en la sección dedicada a Camacho Ramírez, dice el autor que el poeta del Tolima divergía con el resto del grupo “Piedra y Cielo” no sólo en cercanía al vanguardismo y americanismo frente al tradicionalismo e hispanismo sino en que además leía a los franceses; al hacer un paralelo de su poesía con la de Carranza, dice que para él Juan Ramón Jiménez era su estandarte mientras que Neruda y Lorca lo fueron para Camacho, y continúa:

 

Si la ambición de Carranza tendía por ello a la pureza poética juanramoniana, Camacho se orientaba por la impureza que planteó Neruda […] Carranza admiraba el clasicismo de Rafael Maya, mientras que Camacho prefería la extrañeza de León de Greiff. Y las discrepancias fueron desde un principio entre la espiritualización del amor, en Canciones para iniciar una fiesta, y el erotismo desesperanzado de Cándida inerte; entre una visión idealizada e ilusionada de la vida y los seres, y el antípoda realismo de la otra, que no rehuía aspectos lóbregos de la sociedad y del hombre. La oposición entre ambos se reflejaba directamente en sus respectivos lenguajes, siendo el de Carranza luminoso y aéreo y el de Camacho nocturno y volcánico; cristalino, musical y armonioso quería ser el uno, y sombrío, torrencial y hermético se presentaba el otro (1991: 437).

 

El poeta tolimense publica su primer libro a los 25 años de edad, y desde entonces, hizo de la metáfora el procedimiento central de su estilo. Buscó nuevos senderos en su poesía proponiendo metáforas alucinantes, imprimiendo sugerencia y musicalidad a sus textos; le gustaba crear relaciones arbitrarias e ingeniosas entre las palabras, darles intensidad semántica, haciendo que adquirieran sentidos diversos aprovechando la polisemia del lenguaje. Este tratamiento, en ocasiones excesivamente alucinado, hace que en muchas oportunidades sus metáforas provoquen imágenes herméticas o surrealistas:

 

 

Su éxtasis envenenado

circula aceites marítimos

y menudas golondrinas

hechas de carbón y vidrio

que se entrelazan buscando

equivocados caminos (1939: 14).

 

En algunos casos su poesía resulta bastante farragosa debido al lenguaje ampuloso, grandilocuente y artificioso, resultado básicamente del excesivo protagonismo que le da a la metáfora, buscando fórmulas ingeniosas, cargándola de imágenes, siendo en la mayoría de casos barrocas, herméticas, a veces oníricas, a veces laberínticas:

 

 

Este viento de látigos profundos,

contra pávidas cumbres inconcretas,

modelará en la carne de la sombra

la curva silenciosa del poema,

barco aéreo cargado de tu vida (1935:51).

 

El abuso de la metáfora hace que se vuelva superficial, artificiosa, y en muchos casos se sienten falseadas:

 

 

Seria así la muerte doncellita desnuda,

cubriéndonos los ojos con las manos heladas.

Mediodía de estrellas con musical vacío

que nuestro amor refresca con perennes alas (1935:19).

Camacho maneja diversos tiempos verbales, del presente al pasado, del pasado al presente, característica frecuente en sus textos:

 

 

Serias tú,

isla melodiosa, tallo musical, última lágrima

rodeada por mí como un océano… (1935: 11-12)

 

Hay poemas que son sumamente narrativos, este es el caso del poema “Mujeres de otro día”, en donde se narra la historia de un niño de siete años que admira un grupo de mujeres bellas. Él está enamorado de una de esas mujeres, quien a su vez espera al hombre amado que no llega:

 

 

Estas mujeres fueron bellas

y había una que yo amaba.

Yo tenía siete años dulces

como el corazón de la caña.

Senos morenos como nísperos,

ojos de estrella y voz de agua,

ella ardía como una esencia

esperando al que no llegaba (1935:14).

 

Finalmente las mujeres ya han envejecido y aquel niño es ahora un hombre vigoroso:

 

 

Hoy tengo veinte años fuertes

como banderas desplegadas,

hoy ya mi instinto y mi deseo

se erigen al sol como lanzas

y cuando paso, esas mujeres

que fueron bellas en mi infancia,

murmuran resignadamente:

así era el que no llegaba (1935:14).

 

Aparte de ser narrativo y anecdótico, este poema como muchos otros poemas recaen en una exagerada descripción.  También es característico de su poética el corte brusco al final, permitiendo que el lector haga sus interpretaciones:

 

-Cuáles?

-Cuáles?

-Cuáles?

 

Oh, que precipitación de puerta abierta!

 

Lo sé?

No lo sé?

Silencio… (1935: 41).

 

Los poemas conversacionales o con inclusión de diálogos son recurrentes en Espejo de naufragios, así sucede con “Caracolí sin flor”, “Trinchera de eternidad”, “Poema del viento capitán”, “Biografía, “Recorte de elegía, entre otros.

 

 

-Préstame tu sombra, cielo

de verdes nubes rodantes.

-No, que tengo que llevar

el agua en flor de los mares.

-Ay,

que me voy a matar, madre! (1935: 17).

 

Sus versos abundan en símiles, asociaciones complejas, onirismo y antítesis, además de una generosa mezcla de efectos sensoriales a la manera de sinestesias:

 

 

Sus naves agujetean

mis ojos aridecidos

y mis manos se devoran

una otra en su delirio,

que siento en mi cuerpo escamas

y entrechocados cintillos…(1939:4).

 

Oscila entre lo sublime y lo carnal, de la pasión al desgarro amoroso y la melancolía. “Presagio de amor”, por ejemplo, es un poema de tensión entre el amor y la muerte, un hombre que busca el universo de una mujer, que la presiente en cada cosa, pero ella es apenas un rumor doloroso. La voz poética es consciente de la soledad y esa soledad se parece mucho a la proximidad de la muerte.

 

…Entre la llama y el lirio,

un vaho verde de perlas

en su mirada teñido,

alto pecho, bajo sueño,

a la muerte sometido… (1939:16).

 

Se aleja de los amores imposibles, virtuosos, platónicos o imaginarios para dejar que la pasión florezca en algunas de sus páginas, siendo mucho más carnal, erótico, directo y expresivo. En el siguiente fragmento el poeta idealiza a la mujer y luego suaviza su sensualidad comparándola con elementos de la naturaleza:

 

 

Tu cuerpo de marinas oleadas

Hizo arder mi canción otro día,

y tu alta, sí, alta en esa altura

-primavera de todas las miradas,

Lumbre de voz azul- en donde empieza

La patria vegetal de los luceros (1935:51).

 

A través del verso declara su amor perpetuo en una actitud caballeresca y galante.

 

 

Quien me nombra está mintiendo,

quien me grita decidle que se calle

que ya no tengo espadas ni banderas,

ni torres que oponer a su desastre (1939: 25).

 

La soledad, la nostalgia, la mujer, el erotismo, el amor, la pasión y sobre todo, la muerte, constituyen sus temáticas básicas. Dice Andrés Holguín en el prólogo de las Obras Completas: “una obsesión constante, el tema de la muerte. De sus primeros a sus últimos poemas, esa obsesión recorre los versos, desgarra al poeta, nubla la visión” (1986:11).

 

 

Allí, puerta al infierno o al descanso,

espectro torrencial, ola nocturna,

está tu pedestal de siempre y nunca,

el plasma de tu sueño,

la maldecida rosa

y el mármol que soñó con tu cabeza (1945: 67).

 

Oda a Carlos Baudelaire (1945) es un libro lírico-narrativo en donde se “metaforiza” la vida del poeta maldito impulsor de la poesía moderna. La pluralidad de elementos e imágenes metafóricas y las asociaciones oníricas que están presentes a lo largo de toda la obra crean una atmósfera sombría, densa y de gran tensión, lograda principalmente por las antítesis que se utilizan para describir:

 

 

Solo la nieve puede dormir en primavera

y el mar tener un eco de doble resonancia,

donde la muerte tiembla como un recién nacido

y expresa su diamante de luz indisoluble (1945:26).

 

En este libro cada poema se encadena con el siguiente, construyendo una imagen onírica del poeta Baudelaire y de los personajes que lo acompañaron: Jeanne Duval, la Venus Negra, su amor por más de veinte años; madame Sabatier, su musa espiritual, su amor místico; y finalmente Edgar Allan Poe.

 

Amó hasta el odio enfurecido,

hasta morirse de desprecio,

hasta el sollozo y el castigo,

su humillación por tu deseo (1945:35).

 

A Camacho Ramírez se le abona su capacidad para buscar nuevas perspectivas, cuando todos miraban hacia el parnasianismo, el simbolismo y el modernismo, el miró hacia la poesía hispanoamericana. Hay en él una renovación poética, sus versos fueron más impuros, no sucumbió ante las vanguardias pero es innegable que por lo menos el surrealismo lo influyó, de ahí el irracionalismo en muchos de sus textos.

 

Para Camacho los versos son recuerdos, experiencias vitales que funcionan como una mina desde la cual se extrae el poema, una actuación del subconsciente que surge sin control y se presenta como un vocero iluminado del mundo íntimo y terrible del ser humano (Jaramillo: 1978, 42).

 

Fue un obsesionado por el amor y por la muerte, su poesía es oscura, sombría, visceral; un tanto barroca, aglutinada de imágenes, atiborrada de metáforas, con excepción de Oda a Carlos Baudelaire (1945) donde es justo, cabal y mesurado tanto en la forma como en el contenido. Para concluir es justo decir que Camacho bebió del simbolismo en la herencia francesa de Baudelaire. Esto se deduce justamente de la vocación narrativa, que es propia de Las flores del mal, como por la degradación de la belleza que hace en “Las mujeres de otro tiempo”; además, la alegoría y la musicalidad de sus versos lo ponen a tomo con esa herencia modernista y,  por el lado hispano incide en él, García Lorca y su Poeta en Nueva York y la elocuencia nerudiana de Residencia en la tierra y 20 poemas de amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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