3.7. Oscar Echeverri Mejía: epígono de los clásicos

Cuando yo digo poesía, digo

la sangre con sus ríos y torrentes,

la sangre y su milagro que nos salva,

el hombre con sus huesos y sus músculos

y su polvo y sus sueños.

 

Oscar Echeverri Mejia

 

El presente texto hará una mirada panorámica a los libros Canciones sin palabras (1947), Cielo de poesía (1952), Destino de la voz (1942)y La rosa sobre el muro (1952) tratando de establecer algunas características en la poética inicial de Óscar Echeverri Mejía. Se indagó en el contexto, fundamentalmente en lo concerniente a su biografía, se revisaron aspectos lingüísticos y literarios, los temas principales de su obra, las preocupaciones recurrentes y comentarios de la crítica para observar los elementos comunes y propuestas novedosas e influencias en la poesía publicada hasta el año 1955.

 

 

2.1.1.     Datos Biográficos

 

Óscar Echeverri Mejía nació en Ibagué, Tolima, el 15 de mayo de 1918 y murió en Cali (Col.)  el 11 de diciembre de 2005, Miembro del Consejo de Redacción de la revista bogotana El Café Literario, columnista de los diarios La República, El Colombiano, Occidente y La Tarde, hizo reseñas bibliográficas y columnas sobre correcciones idiomáticas para los periódicos afiliados a Colprensa y en varias revistas colombianas. Fue director del Departamento de Información y Cultura del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, fue miembro principal de diversas entidades y organizaciones como la Junta de Censura de Cine del Ministerio de Educación Nacional de Colombia, de número de la Academia Colombiana de la Lengua y jefe de Relaciones Públicas, integrante correspondiente de la Real Academia Española, de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y de honor del Centro de estudios de Relaciones Públicas de Colombia, socio Honorario de la Asociación Prometeo de Poesía, de Madrid; miembro de número de la Sociedad Bolivariana de Colombia y de Paraguay, de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Escritores, con sede en Caracas, fundador y ex presidente de la Asociación de Escritores de Colombia, fundador de la Casa de Poesía Jorge Isaacs, miembro honorario de la Sociedad Sanmartiniana de Colombia y de la Fundación de Poetas Vallecaucanos, miembro del Instituto O’higginiano de Colombia, editor y director del suplemento “Estafeta Literaria”, del periódico La Paz, de Bogotá, fundador y director por diez años, de los programas radiales “La voz” de la Academia Colombiana de la Lengua y Cuestiones de lenguaje. Diplomático en España, México, Panamá y Venezuela. Editó un Diccionario abreviado de la Lengua Española y con Alfonso Bonilla Naar preparó la antología 21 años de poesía colombiana, de 1942 a 1963, publicada en 1964.

 

Le otorgaron diversas condecoraciones y reconocimientos, entre ellos: Diploma Maestro de Poesía, en Valparaíso, Chile; Mérito civil, en el grado de Comendador, en España; diploma Rubén Darío, en el grado de comendador, en Nicaragua; Mérito literario latinoamericano, en Caracas; Orden del Arriero, en Antioquia; premio Bernardo Arias Trujillo, en Risaralda; Cruz de Caballero, en la Orden al Mérito Vallecaucano, en Cali; y Orden Luis Carlos González, en Pereira.

 

 

2.1.2.     La poética de Echeverri Mejía

 

En Colombia se ha dicho que nuestra poesía de principios de siglo XX mantuvo un atraso considerable frente a la poesía de Europa. En los años 30´s y 40´s el país afrontaba una discusión sobre la creación poética en lo relacionado con los temas y los recursos que debían usarse. Unos defendían los temas exóticos y distantes en el tiempo y en el espacio, con resonancias de Rubén Darío y del parnasianismo; otros se preocupaban por el estilo, la sencillez y el verso depurado, incitados a regresar a la tradición y al clasicismo.  Los tardorománticos, los seguidores del simbolismo y parnasianismo, la negación o desconocimiento de las vanguardias y la mezcla entre política, valores cristianos y moral conservadora afincaron la idea de que había que defender cierta noción clásica de la poesía.

 

Después del grupo de “Los Nuevos” y antes de la aparición de “Mito”, hizo presencia en 1939 el movimiento literario conocido como “Piedra y cielo”, nombre tomado del título del libro de Juan Ramón Jiménez (1881-1958) publicado en 1919.  Aunque Echeverri no perteneció a “Piedra y cielo”, es segura su cercanía hacia este movimiento, que influenció su primera producción Destino de la voz (1942); su poema “A Platero en el cielo de Moguer” del libro Canciones sin palabras (1947), es un homenaje y una clara la intertextualidad con el poema “Platero y yo”, del poeta español a quienes los “piedracielistas” rindieron tributo:

 

 

Sólo el poeta tu destino sabe.

tu dulce nombre evoca tu hermosura,

tu mirada es un rio de ternura,

y tu recuerdo en un poema cabe (1947: 71).

 

En la entrevista que le hace Carolina Echeverri Obregón,  ella le pregunta: ¿De qué generación se considera?, a lo cual el poeta responde:

 

Poéticamente he sido considerado “post-piedracielista”, porque “Piedra y cielo” hizo una revolución completa en la poesía colombiana, oyendo los ecos de la poesía española de su época. Yo, que era un muchacho, me hice amigos de ellos: de Jorge Rojas, de Eduardo Carranza, Carlos Martín; y ello me acogieron  y me enrutaron. De ahí que a mí se me encasille en esa generación (1994:69).

 

 

Destino de la voz (1942) se publica en Manizales cuando Echeverri tenía 24 años de edad, es un libro de hermosura simple, elemental, transparente, espontanea, diáfana y sin pretensiones, además de sentimentalista. Consta de 53 poemas, 45 sonetos y el resto, casi todos, romances. Los temas de este libro son la poesía misma, la naturaleza, el amor, remembranzas a la infancia y a la muerte:

 

 

No más tu sombra el corazón envuelva,

que tu hielo en mi canto se disuelva:

¡dejadme libre ya de tus prisiones! (1942: 123).

 

Canciones sin palabras (1947), consta de 48 poemas, once de los cuales son sonetos, viene una elegía dedicada a Roberto Garrida, poemas a la naturaleza, a la amistad, una sonata de admiración a Handel, Chopin, Bach y Debussy, homenajes a  María Eugenia Rojas y a Juan Ramón Jiménez. También hay textos ofrecidos al amor filial, dedicados a su hija y a su madre. El final del libro esta matizado por doce poemas, cada uno formado por dos cuartetos y con temáticas diversas.

 

El mar es el tema de las seis estrofas que abren el libro  La rosa sobre el muro (1952) y que llevan por título “Fragmentos de un poema sobre el mar”, este mismo tema se repite hacia el final del poemario cuando refiere naufragios, islas, olas, brisa marina, etc.,. Hay un poema titulado “Romance del que no ha visto el mar” en donde la voz poética recrea el mar a través de la imaginación poética para quienes no han podido verlo:

 

 

Yo jamás he visto el mar

y a veces me lo imagino

como una vasta llanura

donde los peces son plantas

que en las olas han crecido.

(El canto de sus sirenas

escucho, a veces, dormido) (1952: 59).

 

En el poema “Dialogo” la voz de la rosa  y de la espina se alternan con la voz de un niño:

 

LA ESPINA:

Símbolo soy de lo áspero,

de los sórdido y lo eterno.

Me huye y teme hasta el aire

y yo estoy siempre en mi puesto

segura de que me encuentren

las criaturas, sin quererlo (1952: 64).

 

Posteriormente hay una serie dedicada a objetos cotidianos. El poema “Patria ausente” hace una bella exaltación de la patria, de lo autóctono, de color local añorado por la distancia del ausente:

 

 

Yo creí que la patria solo era

una noción geográfica que nos dieran los textos,

que solo con salir de sus físicos limites

se podría borrar su nombre del recuerdo (1952: 45).

 

A veces la lectura del libro resulta fragmentada por la diversidad de temas que recrea, dando la sensación de falta de unidad. El libro Cielo de poesía (1952) publicado en San Rafael, Argentina; está compuesto por once poemas: “el espejo”, “Dios”, “La perla”, “La noche”, “La infancia”, “Romance del que no ha visto el mar”, “El sueño”, “Diálogo”, “Marina”, “La lluvia” y “Patria ausente”, todos estos cantos pertenecen al libro La rosa sobre el muro (1952), por lo que no merece comentarios adicionales.

 

En general, la forma preferida de Echeverry fue el soneto clásico (ABBA: ABBA/CCD: CCD) muy cultivado por Lope de Vega, Góngora, Quevedo, Calderón de la Barca, Sor Juana y Cervantes. Se le ha reconocido precisamente como un gran sonetista. Sin embargo, hay algunos poemas que rompen con esta estructura y manejan libremente el número de estrofas y el número de versos. Son varias las formas clásicas a las que acude el poeta. Verbigracia la elegía, las alabanzas, las baladas, los canticos, y sobre todo, los romances, composiciones arraigadas en la métrica española desde el siglo XV. Este tipo de composición tiene un número indefinido de versos octosílabos aunque algunas veces hay cierta fluctuación métrica e inclusive combinación de versos de diferente medida. Un ejemplo lo vemos en el poema “Romance en un sólo día” (1942: 64), el cual tiene 7 estrofas, dos quintetos, un par y cuatro cuartetos. Otro ejemplo de versificación es el poema “Eres tan dulce, niña…” (1942: 55) en donde cada una de las cuatro estrofas varía su número de versos (4, 5, 6, 7) combinando heptasílabos y endecasílabos de manera aleatoria. Los versos heptasílabos funcionan como estribillos (repetición del sintagma en función rítmica). Este tipo de versificación podría ser una silva. En el modelo de métrica clásico, la silva es la estrofa culta que más libertad concede al poeta. Los versos de 7 y de 11 sílabas se alternan en el orden que quiera el poeta y le permiten tener un esquema de rimas tal como a él le plazca. Incluso -caso excepcional en la métrica culta clásica- se tolera que haya algún verso que no rime, es decir, algún verso suelto. En el renacimiento los autores españoles como Luis de Góngora y Argote acogieron esta forma poética. Confunde en este poema que la rima no se da en consonante y son muchos los versos que quedan sueltos:

 

 

Eres tan dulce, niña,

como decir tu nombre con luceros.

me duele tu belleza blandamente

como espina en el centro de mi pecho.

 

Mirarte es tan azul como este cielo

y acariciarte es solo comparable

a besar en tus ojos la mañana.

eres tan dulce, niña,

como gozar el cielo en tu mirada (1942: 55).

 

El símil es la figura retórica más frecuente en Echeverry, la mayoría de sus poemas incluyen una comparación o semejanza a través del uso de elementos de relación como “cual”, “que”, “se” y “como”. Se destaca el uso de algunas imágenes sinestésicas, pleonasmos, encabalgamientos, diálogos, hiperbolizaciones y los juegos de palabras anteponiendo o usando palabras antitéticas. También recurre a las anáforas, iniciando dos estrofas con la misma palabra o dos o varios versos consecutivos con la misma entrada:

 

 

Te quiero, dulce niña,

por tus manos que sabe a agua pura,

por tu boca que sabe a fruta fresca,

por tu blanca sonrisa,

por tu mirada-arroyo de ternura-. (1942:77).

 

Echeverri utiliza en una misma estructura sintáctica dos palabras de significado opuesto, originando un oxímoron:

 

 

Enterrado cristal, espejo ciego,

tu clara sombra, viva como el fuego,

pulsa la inmensa bóveda estrellada (1942:21).

 

Algunas veces caracteriza el sustantivo a través de epítetos como viva flauta, azulado temblor, bandera vegetal,  altas nubes, pies de espuma, entre otros:

 

 

Prolonga el caracol tu voz oscura

y rodean sirenas de amargura

tu azulado temblor de espejo ciego (1942:15).

 

Otra de las figuras retóricas frecuentes en su poética son los pleonasmos, al usar expresiones en la que aparecen uno o más términos reiterados o redundantes:

 

 

Isla rodeada de tus nubes solas

mi alma flota entre desnudas olas

de tu mudo silencio acompañada (1942:31).

 

Las temáticas principales en la poética de Echeverry son la exaltación de la naturaleza, entre lo que podemos destacar la eternidad de la misma, el mar y sus criaturas, las aves, el cielo, la noche, el día, los afluentes, etc. Veamos el ejemplo del poema “Al rio”:

 

 

Espejo regalado de los cielos,

son tus espumas congelados vuelos

y tus aguas cristales desatados (1942:19).

 

Inspirado en Simón Bolívar, su poema “Breve canto a Bolívar” construye la imagen de padre de América, comparándolo con imágenes religiosas, de ser omnipotente,  a través de imágenes panteístas de hibridación entre el hombre y la naturaleza, muy similares a las creadas por German Pardo García como “nubes-hadas”:

 

 

Hombre-océano, hoguera inextinguible, alzada

en lo alto de la gloria.

Nube y relámpago, seguido por los dioses avanzas

Con pies alados sobre las nubes de la historia (1947:145).

 

En el poema “piedra” expresa la finitud de hombre frente a lo eterno de la naturaleza:

 

 

Todo verdor dura una primavera.

El hombre modelándote perece:

¡Sólo tú quedas, sórdida y primera! (1947: 29)

 

La mujer y la naturaleza se idealizan y equiparan, creando una imagen hibrida:

 

 

Es un paisaje humano tu belleza.

finge en la cima azul de tu cabeza

tu cabello una viva enredadera (1942:61).

 

Sus textos mantienen elementos de un romanticismo trasnochado donde los sentimientos son asimilados a elementos de la naturaleza y a través de ellos se connotan los estados de ánimo del yo poemático:

 

 

Mi corazón está como una rosa

enastado en el tallo de la vida…(1942:49).

 

Otros temas son la ausencia de un ser amado, el amor corporal, la muerte. Hay también ciertos tintes eróticos en algunos textos como en los poemas “Venus durmiendo de Giorgione” y “Desnudo”:

 

 

Dos cálidos colinas embellecen

el casto pecho, y en su cima ofrecen

la miel de su redonda florescencia (1947:41).

 

Echeverri intenta cierta renovación temática al poetizar algunos deportes, con textos como “nadadora”, “Basquetbolistas”, “Equitadora” y  “Tennis”, metaforizándolos con elementos de la naturaleza:

 

 

Una luna pequeñita

-piel tensa, silueta blanca-

cruza el cielo de la tarde

y en la tibia arena salta (1942: 99).

 

Es abundante las exaltaciones, los homenajes póstumos y los poemas dedicados a la familia, por ejemplo al padre, la hija, a Jaime Robledo Uribe, Roberto Garrido, María Constanza, a Bolívar, etc. Veamos un fragmento de “A María Eugenia Rojas”:

 

 

El mundo cabe en tu pequeña mano.

Eres, María Eugenia, lirio humano

creciendo hacia la luz, igual que el día (1947:49).

 

Diversas artes confluyen en su poesía: la pintura, la danza y sobre a la música, con poemas como “La música”, “Soneto pianísimo a Rosalía”, “Balada” y “Bagatela”, composición musical propia del romanticismo, ágil, corta, sin mayores pretensiones, como el mismo poema:

 

 

Por la infinita ventana

del cielo, asoma un lucero:

la tarde un suspiro exhala

y se escapa hacia la noche

porque tu dulce mirada se ha perdido por el sueño! (1947: 21).

 

Otro texto que recurre a un título relacionado con formas musicales es “Sonata” (1947, 25). Recordemos que una sonata es una pieza musical que usa dos temas contrastantes, en este caso se contrasta la música de Handel, Bach, Chopin, Debussy con la melancolía de la voz poética que sufre por la pérdida de la mujer amada. Este poema está compuesto por cinco quintetos.

 

Finalmente, traigo a colación estas dos citas de entre las muchas que escribieron sus amigos academicos e intelectuales, y que resumen en gran medida la obra de Echeverri:

 

En la poesia colombiana muy pocos hasta ahora han podido relatar las multiples aventuras del alma , de la vida, de la muerte, del amor, de los seres, de los grande, de lo nimio, que ha corrido este poeta sencillo entre los sencillos (Mejía: 1994, 28).

 

En este mismo sentido Ricardo Ilian Botero se pronuncia:

 

Y se le escucha con el asombro que produce la deleitacion de una posesía de ángeles, que tiene la mezcla del amor, de las primaveras y de los coloquios. Una poesia que a veces es clasica y broncínea y en ocasiones nubil, adolecente, jardinera. Poesia que recoge el rocío, el llanto y la esquiva mirada, como algo que trasunta la armonia y pasa, casi inasible, por las praderas del olvido (1994: 33).

 

 

Los dos coinciden en que Echeverry hace una poesia que toca diversos temas, desde los mas elevados hasta los mas elementales, una poesía clásica, “sencilla”, núbil, nimia, ingenua si nos atenemos al término “adolecente” y jardinera. Que por supuesto, se ha quedado en las “praderas del olvido”.

 

En conclusión a Echeverri parece no haberle afectado las vanguardias, seguidor de la poesía española del Siglo de Oro y de la Generación del 27, tributario del simbolismo y parnasianismo. Se mantuvo fiel a un ideal clásico en sus temas y sus estructuras, por ende, aunque alcanzó un perfecto dominio de las formas clásicas, sus posturas estéticas fueron tardías. Fue un romántico rezagado,  preocupado por la rima, con cierto fárrago verbal, temas monocordes, excesos sentimentales y refinamientos excesivos. El soneto fue la forma predilecta en que se manifestaba ese mundo de erotismo cortesano y de impulso sentimental. Sus poemas son ligeros y transparentes, reflejan una escasa sugerencia, no arriesgan experimentaciones y en general poco o nada aporte a la poesía colombiana.

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