Caricatura de Jaime Tello hecha por Manuel Antonio Bonilla. Tomada de la revista Tiempo de Palabra.

Este texto aborda la obra Geometría del espacio de Jaime Tello para visualizar algunos aspectos lingüísticos y literarios, los temas principales de su obra, las preocupaciones recurrentes, etc., tratando de establecer lo novedoso en su propuesta poética. Se incluyen además algunos datos biográficos.

2.1.1.     Datos biográficos

 

Tello, Jaime. Nació el 15 de noviembre de 1918 en el municipio de Espinal, Tolima, y murió en Bogotá, 1996. Poeta, ensayista, editor, crítico literario y profesor universitario en varias universidades. Los estudios primarios los hizo en el Colegio San Isidoro de su pueblo y el bachillerato en el Seminario de Ibagué y en la Salle de Bogotá. Estudio Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad Javeriana. También estudió música en el Conservatorio Nacional de Música y en la Escuela de Música de Cali. Se destacó como traductor de poetas ingleses, brasileños y norteamericanos. Dirigió el suplemento literario de El Liberal, Estampa literaria y de la emisora Nuevo Mundo en Bogotá, colaboró en la BBC de Londres y el departamento de radio de las Naciones Unidas en Nueva York.

2.1.2.     Jaime Tello y su Geometría del espacio

Me referiré en este ensayo al libro de poemas Geometría del espacio de 1951. Este libro se anticipa estéticamente a su tiempo dentro del contexto de la poesía tolimense. Está impregnado por imágenes surrealistas, futuristas y en un menor grado posee algún tinte del creacionismo latinoamericano. Con gran influencia de T.S. Eliot, de quien fue su traductor. Sin embargo, a pesar de usar el verso libre en casi todo el libro, no logra liberarse del soneto clásico de tradición hispánica como sucede en los poemas “Signo más” y “Logos Spermatikos”, o quizá sólo buscaba demostrar que conocía y dominaba el poema tradicional.

Tello pensaba que tanto el significante como el significado eran igual de importantes, de ahí que no le interesara una poesía vacía de ideas, se preocupó de la palabra. Dice Tello en 1955 en la Revista Bolívar N° 37 “Yo no puedo hacer que la palabra azul dé la sensación de negro, o de automóvil, o de corazón. Azul significará siempre un color, y por extensión naturalmente, el cielo”. Al poeta Tolimense no le incumbe solamente la forma, el contenido para él era fundamental.

Hemos pensado demasiado para poder ser felices

hemos filosofado sobre todas las cosas

y hemos convenido en que lo mejor es

vivir el momento presente (1951: 30).

Aunque Tello no era un surrealista en el sentido estricto del término, es cierto que logró liberar de la racionalidad y desatar de bases lógicas a la imagen, y con ello consiguió enriquecer prodigiosamente su lenguaje poético al plasmar mundos oníricos a través de imágenes insólitas e ideas sorprendentes en varios de sus poemas.

Palabras de cuerpo entero con sangre con carne con

huesos con sexo

Palabras masculinas para horadar las grutas del

silencio

Palabras femeninas para parir mentiras

Palabras hermafroditas para el amor propio

Palabras como tú como yo como nadie

Palabras casi tan expresivas como el más total y viril

de los silencios  (1951:73).

Hay poemas donde es fácil presagiar el influjo de la escritura automática, heredada de Breton y los surrealistas, donde el poeta se desliga de la conciencia y permite que aflore el subconsciente dejando fluir pensamientos sin coerción moral, libre de cualquier represión social, es muy probable que también haya herencia en cuanto al hermetismo en la imagen de Rimbaud y Mallarmé:

Yo ya no cabalgaba Mi caballo era una mesa angosta

y larga

con dibujos de niños recorriéndole las crines

y con voces de espuma circulando por los alrededores

del cerebro

pero luego todo olvidóse (1951: 84).

La espiritualidad, la imaginación, el sueño y la pesadilla conllevan a una poesía concebida como intuición, imágenes simbólicas del subconsciente, reveladas a partir de la asociación de ideas por yuxtaposición, el uso de sustantivos absolutos y analogías, nos corre la cortina y nos permite ver la autonomía del lenguaje:

El rascacielos cerró sus mil parpados-

Sin pestañas-

y continuo llorando-

gota a gota.

Los anteojos de los almacenes

habíanse transformado en alfileteros.

Sobre el asfalto había ojos

suspendidos de alambres cristalinos de agua

que cada segundo se estremecían –

abombándose (1951: 13).

Conocía la poesía en prosa de Rimbaud, alejada de la métrica y la rima, pero manteniendo la actitud poética, opto por continuar esa tendencia, no buscando narrar hechos sino transmitir sensaciones, sentimientos y emociones:

Inventó el Alma y hubo de crear un infierno para ella

Engendró un hijo y sólo obtuvo la amargura de pensar

en el momento de perderlo

Una mujer llegó a su lado y se frustró su gozo ante

la perspectiva de la separación inevitable (1951: 84).

Otra faceta, es, sin duda, la contemplativa y religiosa, heredada seguramente de T.S. Eliot. El tono trascendente de talante místico conquista una ingente presencia a lo largo de todo el libro, estos versos a veces traslucen fe o también una desesperanza penitencial:

Era la mano

La mano de un hombre

La mano del padre de todos los dioses

¡La mano del Hijo-del-Hombre! (1951:69).

Tello también posee versos de mucha velocidad, de mucha plasticidad y movimiento, con enumeraciones  conclusivas, imágenes irreverentes y audaces, e inclusión de palabras y símbolos poco convencionales, generalmente del mundo moderno pero incrustado en un contexto de gran intensidad poética:

Y había tal quietud en el espacio y aun tan claro

silencio

que el remoto canto de los motores

era una simple y elemental música de las esferas (Tello: 1951, 31).

El poeta tolimense abandona los espacios rurales y deja de cantarle a la madre naturaleza para abordar temáticas urbanas y lenguajes del  mundo contemporáneo, además de preocupaciones propias del mundo contemporáneo:

Y el amor ¿qué es el amor?

El amor es tal vez estar sentado en el bar

solo en medio de todos los bohemios

entre prostitutas e invertidos

lesbianas y demás

ante un bock de cerveza

es tal vez invertir dos peniques llamando por teléfono

a un sitio en que es seguro que no estás (1951: 31)

Dentro del panorama de la poesía tolimense de la primera mitad del siglo XX, Jaime Tello es quizá quien más –sino el único- que se aproximó a las vanguardias, adelantándose inclusive al legendario grupo “Mito. Su obra, pese a lo breve,  logra romper con la monotonía de las formas clásicas de los poetas anteriores y abre en la poesía del Tolima, la posibilidad de nuevas formas expresivas. En Tello se da un interesante cruce de “itsmos” siendo el futurismo el que alcanza mayor efecto en su obra. Tello es entre nosotros el  mejor ejemplo del poeta moderno, no sólo por haber asumido las vanguardias en su poesía, sino porque a la par reflexionó sobre la poesía a través del ensayo, principalmente sobre  poetas ingleses, franceses y latinoamericanos de la modernidad, sumado esto a su labor de traductor de poetas ingleses, franceses, brasileños y portugueses. Conocía de pintura, música y escultura. Su desconocimiento en el Tolima y en Colombia se debe en gran medida a que su trabajo y publicaciones las hizo en el extranjero y lo que publicó en Colombia fue en revistas que no lograron despuntar o influir en el horizonte nacional como si lo consiguió la Revista Mito.

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