CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

Esta investigación realizó el levantamiento bibliográfico más completo de libros de autores tolimenses publicados entre 1905 y 1955, el cual puede servir a futuras investigaciones que pretendan estudiar a un autor, hacer la valoración de una época, consultar fuentes bibliográficas o realizar el balance de la presencia de autores y sus producciones más destacadas en la poesía colombiana.

 

A través de la visión de conjunto realizada en el panorama de autores se encontraron las siguientes características individuales en su producción poética:

 

Diego Fallon (1834-1930) fue uno de los autores más destacados del romanticismo colombiano. Aunque su obra inicialmente aparece en el siglo XIX, es la publicación  de sus poemas en 1934 lo que hace que su obra se conozca en la región. Hizo tránsito entre el romanticismo tardío venido de Europa y el parnasianismo francés. Su poema “La luna” es quizá el poema más antológado de nuestras letras. Se destaca en su producción el hecho de que siguiendo preceptos románticos, se atrevió a incrustar dentro de su obra el sarcasmo, la jocosidad y el humor, fundamentalmente en sus poemas “Las rocas de Suesca” y “Mintamos”.  Otro poema que alcanzó gran reconocimiento fue “La palma del desierto”. Fallon es misterioso, refinado, depurado, cuidadoso de la forma, de imágenes visuales, plásticas y dinámicas, siendo la descripción el elemento más característico de su obra.  Su temática preferente tiene que ver con el retorno a la naturaleza y el inexorable destino del hombre. La forma clásica más usada por Fallon son los cuartetos endecasílabos con rima consonante de la forma ABAB, sin embargo,  introduce variantes muy personales como la alternancia de versos de arte mayor y de arte menor, el uso de diverso número de estrofas, de versos y de rimas.

 

Germán Pardo García (1902-1991) perteneció a la generación de “Los Nuevos”. Se caracterizó  por crear un universo propio en el que se mezcla lo clásico y lo moderno, tanto en la forma como en el contenido. Su composición poética preferente es el soneto pero también escribe en verso libre. Sus temáticas se desplazan desde la tradición judeo-cristiana, el panteísmo como principio filosófico, la mitología greco-romana hasta la tecnología y la ciencia moderna, además de temas propios de la agitación contemporánea como la II Guerra Mundial y los campos de concentración. Mientras el hombre moderno estaba explorando el universo desde una perspectiva científica y racional, Pardo lo hacía desde una postura subjetiva y estética, pasando de lo físico a lo metafísico. Claramente hay en el poeta un impulso de renovación que permite dilucidar en su obra una evolución temática que lo conlleva a desplazar las preocupaciones de su “yo” interior por la soledad, el amor y la muerte, hasta llegar a tener inquietudes trascendentales por el futuro de la humanidad, haciéndolo, un poeta comprometido con su tiempo. Son destacables sus búsquedas en el lenguaje poético, incrustando el metalenguaje propio del campo de la química, las matemáticas, la astronomía y la tecnología. Estos tecnicismos y neologismos acompañados de erudición, de asociaciones de palabras y términos de manera inusual, logran crear unos mundos oníricos, psíquicos y sensoriales muy particulares tanto en la poesía tolimense como en el ámbito nacional.

 

Juan Lozano y Lozano (1902-1980) se enmarca dentro del grupo de “Los Nuevos”, sin embargo, poco de novedoso hay en su lírica, que resulta ser tributaria por un lado de las escuelas del siglo XIX, como el parnasianismo y el simbolismo francés, y de ciertas tendencias clásicas grecolatinas; además de un marcado gusto por la ornamentación, las imágenes sorpresivas, la perfumería, la joyería, el colorismo y el decorativismo. En sus sonetos hay plasticidad y predominio de los sentidos. Prefiere alejarse de su realidad circundante para buscar espacios distantes y exóticos. Una buena parte de su obra atiende a lo cortesano y galante.

 

Arturo Camacho Ramírez (1910 -1982). Se destaca el hecho de que su libro Espejo de Naufragios (1935) se considere como el iniciador de lo que vendría a ser “Piedra y Cielo”. A Camacho se le abona su capacidad para buscar nuevas perspectivas, aprendió del simbolismo en la herencia francesa de Baudelaire, la alegoría y la musicalidad de sus versos lo ponen a tomo con la herencia modernista,  García Lorca es su influencia hispánica. Cuando todos miraban hacia el parnasianismo, el simbolismo y el modernismo, él acogió la tendencia americana de Pablo Neruda, Borges y Vallejo. Buscó nuevos senderos en su poesía proponiendo metáforas alucinantes, imprimiendo sugerencia y musicalidad a sus textos; le gustaba crear relaciones arbitrarias e ingeniosas entre las palabras para darles intensidad semántica. La metáfora fue el procedimiento central de su estilo. Sin embargo, debido al lenguaje ampuloso, grandilocuente y artificioso, muchas veces sus imágenes resultan ser demasiado herméticas. La soledad, la nostalgia, la mujer, el erotismo, el amor, la pasión y sobre todo, la muerte, constituyen sus temáticas básicas.

 

Martín Pomala (1884-1951). Siguió los preceptos métricos tradicionales, principalmente el soneto y los pareados alejandrinos. Tuvo gran influencia de los franceses y de los poetas clásicos grecolatinos de donde nace su gusto por la temática telúrica, bucólica, pastoril y las imágenes medievales de trovadores, castillos y el amor galante; pero lo ubicamos dentro de la tendencia modernista del “mundonovisto”, en donde el poeta vuelve a la tierra, al paisaje, a las gentes americanas (Torres: 1951,17). En el libro Sangre y otros poemas Pomala hace homenaje a su tierra natal, una evocación nostálgica de su infancia y de los paisajes rurales que quedaron guardados en su mente haciendo que su villorio se vea como una Arcadia. La muerte pasa a ser un tema preponderante, de ahí nacen sus elegías, poemas de lamento inspirados en el profundo dolor que le causo el deceso de su madre en diciembre de 1910. También en su poesía hay momentos de verdadero misticismo.

 

Óscar Echeverri Mejía (1918-2005). Amante de la poesía española del siglo de oro, de la “Generación del 27” y tributario del simbolismo y del parnacianismo. Las vanguardias no hicieron eco en sus temas ni en sus estructuras, por ende, sus posturas estéticas fueron tardías, un romántico rezagado, preocupado por la rima, farragoso verbalmente, monocorde temáticamente y con refinamientos excesivos. Fiel al soneto clasico de tradicion hispanica, con el cual manifestó un mundo de erotismo cortesano y de impulso sentimental. Hay algunos poemas que rompen con esta estructura y manejan libremente el número de estrofas y el número de versos. Sus poemas son ligeros y transparentes, con escasa sugestión, sugerencia y experimentación; su aporte a la poesía tolimense y colombiana en general es poco o nada.

 

Jaime Tello (1918-1996). Su libro de poemas Geometría del espacio (1951) está impregnado por imágenes surrealistas, futuristas y en un menor grado posee algún tinte del creacionismo latinoamericano e influjo de la escritura automática. El poeta se libera de la racionalidad y logra desatar de bases lógicas a la imagen, enriqueciendo su lenguaje poético. Plasma mundos oníricos a través de imágenes insólitas e ideas sorprendentes en varios de sus poemas. Hay en sus versos mucha velocidad, movimiento y plasticidad. Otra faceta es, sin duda, la contemplativa y religiosa, heredada seguramente de T.S. Eliot. Hay un tono místico y trascendental que hace presencia a lo largo de todo el libro.

 

Esta bibliografía se contrastó con treinta y una (31) antologías de poesía colombiana publicadas durante el siglo XX y principios del XXI, que en criterio de investigadores y estudiosos son las más acreditadas, reconocidas y trascendentales por su difusión, importancia o aporte, llegando a establecer que los nombres de autores tolimenses que alcanzaron una decidida figuración en dichas selecciones de carácter nacional fueron en su orden: Diego Fallon (Romanticismo y parnasianismo) y Juan Lozano y Lozano (Los nuevos) quienes figuran en 14 de las 31 antologías, es decir, con una presencia del 45, 16 %; Germán Pardo García (Los nuevos) y Arturo Camacho Ramírez (Piedra y cielo) aparecen 13 veces, es decir el 41, 94%, convirtiéndose, este grupo, si el término se nos permite, en parte del “canon oficial”. Muy distantes aparecen Oscar Echeverri Mejía con el 9,68%, Luis Enrique Sendoya con el 6,45%,  Jaime Tello, Arsenio Esguerra y Jesús María Samper con el 3, 23% cada uno.

 

Estudiada la vida y obra de este conjunto de autores cabe destacar algunas tendencias o características estéticas y formales que marcaron la poesía tolimense en la primera mitad del siglo XX, además de algunos datos curiosos:

 

  • Es notable      la fidelidad y la devoción a preceptivas clásicas grecolatinas y españolas      (Siglo de oro, Generación del 98 y del 27) o bien a las escuelas francesas      e inglesas (romanticismo, parnasianismo, simbolismo, etc.).

 

  • Aun cuando      en Europa y Latinoamérica las vanguardias ya se habían desarrollado y      evolucionado, estas tendencias tuvieron una mínima incidencia en la      poética tolimense de la primera mitad de siglo XX.

 

  • Los temas      fundamentales de la poesía del Tolima de principios del siglo XX son: una      línea dedicada a lo telúrico, lo bucólico, el paisaje autóctono y la      naturaleza, otra vertiente relacionada con la poesía galante, el intimismo      y el amor, ya sea carnal o como fuerza motora del universo; también se      tratan los temas contemporáneos de la ciencia, la tecnología y la      agitación del mundo moderno, con visos de compromiso social. Todos      trasiegan por el misticismo y el aspecto espiritual. Finalmente cabe decir      que los temas más recurrentes son el amor y  muerte.

 

  • La forma de      composición poética preferente durante la época estudiada es el soneto.      Hay un decido respeto por la poesía ortodoxa y la métrica clásica ceñida a      normas prosódicas.

 

  • De los      poemas publicados en libros durante la primera del siglo XX, los que más      alcanzaron reconocimiento y se repitieron en las antologías consultadas      fueron “La luna” de Diego Fallon con un porcentaje del 45,16%, “La      catedral de Colonia” de Lozano y Lozano con el 38, 71%, “Mujeres de otro      día”, “Comienzo de la sangre” y  “Nada es mayor” de Camacho      Ramírez, “Tempestad” y “Presencia de la muerte” de Pardo García, “A la      palma del desierto” de Fallon y “Farewell” de Lozano y Lozano con el      4,55%.

 

  • La mayoría      de los autores estudiados no vivieron en el Tolima, a Fallon se lo llevan      siendo un niño para Zipaquirá y luego para Europa, de regreso llega a Muzo      (Boyacá) y finalmente se radica en Bogotá; Pardo se lo llevan a los cuatro      años para Choachí,      Cundinamarca y posteriormente se radica en México, Oscar echeverri es      considerado pereirano, vive en el eje cafetero, el Valle del Cauca,      Madrid, México, Panamá y Bogotá ; Camacho vive en Bogotá desde los tres      años de edad; igual sucede con Jaime Tello. Casi todos viajaron por Europa      y Estados Unidos. Esto contradice la creencia popular de que nuestros      poetas fueron provincianos.

 

  • En general,      casi todos los poetas tolimenses estudiados trasegaron en la burocracia,      el periodismo, el ejército y la literatura.

 

  • German      Pardo es uno de los poetas más prolíficos de Colombia, además de ser      reconocido y antologizado a nivel nacional e internacional, con estudios      sobre su obra en el extranjero, candidato al Nobel por México en dos      oportunidades.

 

  • Se ha dicho      reiteradamente que la poesía del Tolima ha sido rezagada y tardía frente a      las tendencias que se desarrollan en Europa y América; pero esto no sólo      es un defecto de la poesía tolimense sino de la literatura colombiana en      general. Sin embargo, en lo que tiene que ver con el ámbito nacional, los      poetas tolimenses han estado a la par de las tendencias y movimientos que      han hecho boga en nuestras letras, con representantes y aportes directos      para el desarrollo y evolución de cada grupo, un ejemplo de lo dicho es la      participación intelectual e ideológica de Lozano y Lozano y Pardo García      dentro de “Los Nuevos” y de Camacho Ramírez en “Piedra y Cielo”. Otra      afirmación recurrente es que los poetas tolimenses han sido exclusivamente      unos usurpadores y repetidores de fórmulas, contenidos y tradiciones, o      que todas sus posturas estéticas fueron retardadas y anacrónicas, esto      tampoco es del todo cierto, Fallon siendo un romántico, escapa del tono      melancólico y  se atreve a incluir      el humor, la ironía y el sarcasmo en algunos de sus poemas; Pardo crea un      universo propio en el que      mezcla lo clásico y lo moderno, ampliando su expresión poética con el      metalenguaje de la química, las matemáticas, la      astronomía y la tecnología; Camacho miró hacia la poesía latinoamericana      de Neruda, Vallejo y Borges, cuando todos miraban hacia el parnasianismo, el simbolismo y el modernismo. Los      nuevos senderos que abordó en el campo de la metáfora con su libro Espejo de naufragios (1935) influyó      en la concepción del grupo  “Piedra      y Cielo”; Jaime Tello por su parte, aunque no hizo parte de ningún grupo,      se adelantó inclusive al grupo “Mito” en algunas de sus concepciones      poéticas, que si bien no fueron de ruptura si por lo menos de apertura, al      trasegar por el surrealismo, futurismo y creacionismo, con influjo de la      escritura automática, cuando el soneto seguía aferrado a la poesía      nacional.

 

 

Recomendaciones:

 

Este estudio permite tener una visión panorámica de la historia, estética y evolución y trascendencia de la poesía tolimense en sus primeros cincuenta años, sin embargo, existe la necesidad de adelantar estudios más densos y particulares sobre la obra de cada uno de los poetas mencionados en el levantamiento bibliográfico, teniendo en cuenta que este es un estudio parcial de su producción intelectual. Se requiere nuevos trabajos de investigación que complementen el levantamiento bibliográfico y el panorama de autores realizado hasta épocas más cercanas, debido a que posterior a 1955 surgen poetas cuya obra y prestigio desbordan hacia el ámbito nacional e internacional, además de recibir reconocimiento en los más importantes premios nacionales de poesía como es el caso de William Ospina, Nelson Romero Guzmán, Luis Eduardo Gutiérrez, Julio César Arciniegas Moscoso, entre otros. Se destacan también las obras de Luz Mery Giraldo, José Pubén, Luis Enrique Sendoya, Jorge Ernesto Leyva, Celedonio Orjuela, Jorge Ladino Gaitán y Esperanza Carvajal. Estos nombres demuestran que es necesario ahondar en sus obras desde la academia para lograr revitalizar, visibilizar y cualificar un canon crítico-literario, que abra espacios y público para los autores tolimenses.

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